Caracas, 21 de mayo de 2026. (Prensa Unearte).- El auditorio Dr. José Gregorio Hernández de la Universidad de las Ciencias de la Salud Hugo Chávez Frías (UCS), ubicada en San Martín, Caracas, fue escenario la tarde de este jueves de un intercambio de saberes durante la conferencia Arte, cultura y educación: visión y perspectiva desde la Universidad Nacional Experimental de las Artes, dictada por el rector de la institución, Ignacio Barreto.
Antes de entrar de pleno en su ponencia y en presencia de un público conformado por la rectora de la UCS, Nuramy Gutiérrez, y su vicerrector Gregorio Sánchez, así como estudiantes y trabajadores, Barreto destacó una premisa categórica y urgente: la imposibilidad de separar la educación de la cultura en la formación de niños y jóvenes, entendiendo la cultura —tal como él lo expone— como el conocimiento por y para la vida. Sostiene que una educación que no exalte los valores propios contribuye a la ignorancia y al riesgo de perder la soberanía, lo que facilita la rendición del espíritu ante el invasor y abre la puerta al despojo de la identidad y soberanía.
Bajo esta perspectiva, señaló que los elementos culturales de los pueblos deben incidir de forma positiva en el aprendizaje, pues mediante este autorreconocimiento, el estudiante se descubre —mientras aprende— como parte de una comunidad local, regional, nacional, nuestroamericana y mundial, tejiendo así vínculos afectivos indestructibles.
En este sentido, afirmó que las escuelas no pueden ser meros espacios de instrucción académica, sino centros culturales comprometidos con priorizar la identidad venezolana, sosteniendo un diálogo e intercambio permanente con el entorno donde hacen vida.
«El contacto directo con las comunidades es lo que permite a la infancia aprender las prácticas de organización y desarrollo de festividades en sus localidades. Aislar, por ejemplo, la música y la danza de su contexto comunitario despoja a estas manifestaciones de su virtud original, neutralizando los saberes cuando se extraen para ser presentados bajo la forma de un simple acto cultural», refirió.
Las artes y la ciudadanía. Para el ponente, la educación artística en las etapas iniciales de la formación no constituye una estrategia aislada ni un accesorio ornamental. Al tomar como ejemplo la instrucción musical, Barreto demostró su impacto directo en el desarrollo del pensamiento abstracto, la capacidad de concentración y la construcción de «verdades mágicas». Como actividad lúdica, la música no solo detecta aptitudes hacia el arte sonoro, sino que prepara el terreno cognitivo y afectivo para los tránsitos formativos venideros.
Señala que existen dos formas de interactuar con el hecho artístico: haciendo y recibiendo. Ambas consolidan actitudes y valores esenciales en la relación del infante con el mundo.

Cuando un niño forma parte de un grupo de música, arte, danza o poesía, alcanza niveles de socialización mucho más elaborados que los construidos a través del juego común”, puntualizó, al tiempo que agregó que al depender el resultado del espíritu de trabajo en equipo —y no de una competencia para demostrar quién supera al otro—, valores fundamentales como la colaboración, la solidaridad y el logro colectivo se asientan firmemente en su personalidad.
Sostuvo que el arte conmueve, alerta, despierta la percepción y alimenta el espíritu. Al formar espectadores sensibles, acotó, se asegura la existencia de seres humanos más conscientes y empáticos, indispensables para la construcción de un futuro verdaderamente humano.
La Unearte de Chávez. En la sede de la UCS, una de las tantas universidades creadas por el presidente Hugo Chávez, el rector Barreto rememoró la gestación de la Unearte, concebida bajo la visión del jefe de Estado para trascender la lógica parcelaria del conocimiento y la noción burguesa del «arte por el arte» (el arte como contemplación y símbolo de estatus o dominación).
La Unearte, asegura, busca formar creadores que lleven sus propuestas de excelencia tanto a los grandes escenarios como a su entorno cotidiano, egresando comprometidos con su tiempo, su comunidad y sus raíces. Para ilustrar el modelo de artista que forma esta casa de estudios, el rector planteó como ejemplo a dos grandes referentes larenses: los maestros Alirio Díaz y Rodrigo Riera, insignes figuras de la guitarra venezolana nacidos en el municipio Torres. Ambos representan a la perfección dicho perfil al mantener un vínculo invisible y perenne entre su terruño, su gente y sus historias.

El atrevimiento de estos maestros, detalló Barreto, radicó en enfocarse en la defensa de su geografía e historia por encima de los cánones occidentales. Esta valoración permitió al maestro Díaz poseer una sed inagotable de conocimientos sobre los creadores de nuestro patrimonio sonoro recóndito, teniendo la gallardía de incluir la música de Antonio Lauro en los programas de concierto más importantes del mundo, elevando su cualidad de intérprete a la par de sus amores musicales.
Por su parte, Rodrigo Riera estructuró una música donde se siente la geografía misma, al colocar en sus partituras indicaciones expresivas con sentimientos poderosos, traduciendo pasajes, personajes e historias de su propia vida de forma sincera y transparente.
“El artista formado en nuestra universidad está en la obligación de ser un agente transformador de la sociedad, capaz de extirpar desde lo sensible y lo creativo aquellos antivalores instalados en el inconsciente colectivo: el clasismo, el racismo, el individualismo, el machismo y el patriarcado (…), a fin de trascender la subordinación colonial hacia una nueva sociedad más humana», enfatizó. Por ello, asegura que la Unearte nunca le hablará a sus estudiantes del éxito y la fama mercantilistas: “La fama no puede ser una meta para el profesional del arte de esta universidad. En el mejor de los casos, la vemos como un efecto secundario; como el prestigio ganado después de años luchando por una conexión que trasciende al individuo”.
Fundamento descolonizador. La ponencia del rector Barreto invita a cuestionar las categorías estéticas heredadas. Denunció que el aparato ideológico burgués categoriza las expresiones humanas para sostener la idea de que existe una clase pura con el privilegio exclusivo de dictar el gusto. Esto contrapone de manera supremacista, clasista y racista la «alta cultura» y las «bellas artes» frente a la «cultura popular» o el «arte popular», pretendiendo imponer un único canon de belleza.
“La fealdad es atributo del otro, del desposeído, del que no fue tocado por la mano de Dios. Esa belleza burguesa utiliza el espacio de las artes y, en los últimos tiempos, el de la industria del entretenimiento para fijarse en las conciencias. Cuando enfrentamos al arte burgués con definiciones como ‘arte popular’, de alguna manera estamos legitimando ese concepto, porque seguimos pensando en categorías y niveles. Debemos problematizar esas categorías sobreentendidas para trascender hacia conceptos libertarios”, expresó el rector.

Citando al vicerrector académico de la Unearte, Nelson Hurtado, Barreto coincidió en que la mirada eurocéntrica occidentalizada limita profundamente la capacidad de comprender y comunicarse estética y culturalmente, lo que impacta la reproducción de la vida. “El fundamento filosófico de la Unearte es, por tanto, la descolonización como corriente de pensamiento crítico y proceso liberador frente a 500 años de dominio colonial, inoculación de antivalores y destrucción de la autoestima popular”, acota.
Aclaró que reconocerse no significa despreciar el bagaje cultural europeo, sino admirar en primer plano lo propio porque nos habla a nosotros desde nosotros mismos. “Es responsabilidad de toda la comunidad uneartista avanzar en la construcción de esa universidad soñada por Chávez; una institución donde se exalte más la obra pictórica de Fidel Sánchez —heredero de sangre y resistencia del arte africano— que la de Pablo Picasso”.
Señaló que las creaciones de José María Isaza, prócer de nuestra independencia, son mayores referentes para nosotros que la idiosincrasia mediterránea de Gioachino Rossini. Del mismo modo, la genialidad de José Ángel Lamas se eleva con orgullo frente a la perfección aséptica de Wolfgang Amadeus Mozart, pues el rector defiende que existe una mayor riqueza cultural en el «pobre negro» de Lamas y su africanía predominante que en los cánones del clasicismo europeo.
Una batalla cultural indispensable. Barreto hizo referencia a los señalamientos del presidente de la República, Nicolás Maduro, durante el lanzamiento de la Gran Misión Viva Venezuela, mi Patria Querida. En esa oportunidad, el mandatario alertó sobre la coexistencia de dos grandes crisis mundiales: la ambiental y la cultural. Esta última busca la desculturalización de los pueblos para sustituir los valores propios por modelos importados y vacíos.
“Generaciones de venezolanos hemos vivido bajo los efectos de este bombardeo cultural (…) con aspiraciones de sectores de la población dirigidas hacia la quimera del norte. ¿Por qué? Porque las consecuencias de esta estrategia siniestra son la pérdida de identidad y la vergüenza étnica: un caldo de cultivo para propiciar la diáspora y la separación de familias en busca de un sueño impuesto que se vende como propio (…) Entendemos con esto que algo tan indispensable para un país como lo es la defensa de su territorio es un asunto profundamente cultural».
Aunque romper con las reglas del colonialismo sigue siendo un reto complejo tras 18 años de historia institucional, se desprende de la ponencia de Barreto que los egresados de la Unearte avanzan firmes, transformando sus saberes en herramientas colectivas para defender sus raíces, su cultura y su soberanía.
Texto: Simón Osorio
Fotos: Laura Valentina Gómez






