Caracas, 15 de junio (Prensa Unearte).– La obra de Modesta Bor está en boga, no solo en Venezuela, sino también en distintas partes del mundo, así quedó en evidencia durante un conversatorio sobre la insigne maestra realizado en la Sala Anna Julia Rojas de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).
En el recinto del Centro de Estudios y Creación Artística «Aquiles Nazoa», ubicado en Caracas, se dieron cita reconocidos maestros de la música venezolana: Federico Ruiz, Beatriz Bilbao, Efraín Arteaga, Domingo Sánchez Bor, Iris Estrada, Miguel Octavio Flores y Luis Ernesto Gómez, con el propósito de abordar la vida, obra y legado de Modesta Bor, en el marco de la conmemoración de su centenario este lunes 15 de junio.
El rector de la Unearte, Ignacio Barreto, marcó el inicio del ciclo Unearte en Diálogo con un agradecimiento a tan selecto grupo de ponentes por sumarse a la celebración. “Una celebración que pica y se extiende. La Unearte tiene programación incluso hasta el mes de agosto”, señaló, al tiempo que hizo referencia a la convocatoria del concurso de Composición Estudiantil Centenario de Modesta Bor (1926-2026).
“Ese concurso todavía está abierto; invitamos a los jóvenes compositores, tanto de esta universidad como de cualquier otra, a que entreguen sus propuestas (…). En septiembre tendremos el veredicto y para el mes de diciembre se estrenarán las obras ganadoras”.
Durante el encuentro, el maestro Domingo Sánchez Bor, hijo de la insigne artista, refirió que su madre era “un ser del futuro que nació en el siglo XX”. “¿Por qué digo esto? Porque ahora es cuando su obra está siendo cantada y tocada a nivel mundial: desde Japón hasta Suecia, desde Argentina hasta Alemania, Estados Unidos, Ecuador y en toda Venezuela”.
Puntualizó que en varios países diversos estudiosos de la música se están uniendo para desarrollar sus carreras, doctorados y tesis basados en la producción de Modesta Bor, quien supo amalgamar con maestría la raíz popular con la vanguardia académica.
Sencillez, modestia y alegría
La reconocida maestra Beatriz Bilbao, discípula y amiga de Bor, recordó que en sus clases reinaban la alegría y la euforia. “Era una persona tan amorosa, no solo por el rigor de su disciplina —que quedó impresa en nosotros—, sino también por la libertad expresiva (…). He tenido seis maestros de composición, todos ilustres, y ninguno como Modesta Bor”.
“¡Feliz cumpleaños, Modesta! Por fin estamos celebrando; todo un país reconoce su vida y toma conciencia de su legado, profundo e inmenso como el mar”, añadió Bilbao.
Para el maestro Federico Ruiz, quien fue uno de sus grandes amigos, Bor era un ser humano extraordinario. “Cada vez que se escucha la música de Modesta Bor, se representa lo mejor del alma colectiva del pueblo venezolano (…). Cada vez que la escuchamos, nos conectamos con lo mejor de nuestro ser, con eso que llamamos venezolanidad”.
“Hablar de Modesta Bor es hablar de un familiar muy cercano”, acotó por su parte el musicólogo e investigador Octavio Flores, quien recordó la relación de amistad y trabajo que sus padres —también músicos— mantuvieron con la artista en el grupo vocal Arpegio, fundado en 1966 por la ilustre compositora. Más tarde, cosas del destino, el propio Flores cantó en la Coral de la Cantv bajo la dirección de la hoy homenajeada. Rememoró, además, que solían ensayar en los sótanos de la Universidad Central de Venezuela, ya que Bor se desempeñaba como directora del área de música de la Dirección de Cultura de la UCV.
El antes y el después
Para Iris Estrada, profesora, historiadora e investigadora de la vida de Modesta Bor, el viaje de la maestra a la Unión Soviética en 1970 —cuando era militante del Partido Comunista de Venezuela— marcó un antes y un después en su vida personal y profesional. Esta experiencia le permitió traer al país la técnica musical de la vanguardia rusa y fusionarla con la tradición venezolana.
En suelo soviético conoció al destacado compositor Aram Jachaturián y a su esposa, la también reconocida música Nina Makarova. Durante su estadía, recibió formación de eminentes profesores como Nina Vlasova (lengua rusa), Dmitri Rogal-Levitski (orquestación), Vladímir Peskov (polifonía) y Natalia Fiódorovna (literatura musical).
“Ella fue una mujer que tenía su mente y su cuerpo en Rusia, pero su corazón se quedó en Venezuela con sus hijos”, apuntó Estrada. Pero, a su regreso al país sufrió un duro golpe personal: su esposo, Domingo Sánchez, ya no estaba para ella tras haberse enamorado de otra persona. “Eso la devastó. Pero, aun así, transformó ese dolor y esa fuerza en arte. Un arte que hoy por hoy disfrutamos. Vemos el brillo, pero el proceso fue muy duro”.
Materia de estudio
Finalmente, el maestro Luis Ernesto Gómez abordó el análisis que se realiza en la academia sobre la producción de Bor, a través de diversos enfoques editoriales y pedagógicos destinados a expandir y preservar su memoria. Por un lado, destacó las ediciones críticas de su Concierto para piano y orquesta, los análisis estéticos de su obra posmoderna y contestataria Genocidio, y las investigaciones sobre su repertorio vocal y coral, las cuales examinan su sofisticación armónica, técnicas contrapuntísticas y el balance entre vanguardia y tradición.
Por el otro, resaltó el valor de las aproximaciones intertextuales, el registro testimonial de un documental biográfico y el impacto de su obra pianista en la Cátedra de Orquestación de la Universidad Simón Bolívar, donde las nuevas generaciones continúan reinterpretando y adaptando sus piezas al formato sinfónico.
El legado de Modesta Bor —quien, en palabras de su hija Modesta Yamila, fue una mujer que se opuso toda su vida a la opresión neocolonial— se hace cada vez más palpable en estos tiempos. Como mujer venezolana, guerrera y luchadora social que amaba a los suyos, demostró que su historia no es solo musical, sino también humana, sembrada con fuerza en sus hijos y en la identidad del país.
Fotos: Isaac Casadiego
Videos: Frankmary Soriano







