Caracas, 23 de mayo de 2026 (Prensa Unearte).- Entre anécdotas, memorias y reflexiones sobre el cine venezolano, la sala Horacio Peterson del Centro de Estudios y Creación Artística, CECA, Aquiles Nazoa de la Universidad Nacional Experimental de las Artes se convirtió en un espacio de encuentro para celebrar la vida y obra del maestro Román Chalbaud, una de las figuras más trascendentales de la cultura venezolana.
Con más de siete décadas dedicadas al teatro, el cine y la televisión, Chalbaud dejó una huella imborrable en el imaginario nacional. Obras como El pez que fuma, Caín adolescente o La oveja negra no solo retrataron las complejidades sociales del país, sino también la sensibilidad, el humor y la identidad del venezolano. Su cine, profundamente humano, convirtió lo cotidiano en memoria colectiva y elevó las historias populares a la categoría de patrimonio cultural.
La jornada contó con la moderación de la actriz y docente Irabé Seguías, quien destacó que el lugar de Chalbaud dentro de la memoria del país trasciende lo artístico. “Román ocupa uno de los sitiales más importantes no solamente por su obra cinematográfica y teatral, sino también desde la parte afectiva. Todos sus compañeros se volvieron familia. Esa es una de las cosas más grandes que puede tener un ser humano”, expresó.
Asimismo, Seguías afirmó que las obras del maestro continúan conectando con nuevas generaciones porque “penetran profundamente en el imaginario colectivo del venezolano”, haciendo de su mirada sobre la idiosincrasia nacional una obra “atemporal y eterna”.
Durante el homenaje se proyectó un video especial que recorrió la trayectoria artística de Chalbaud, recordando momentos emblemáticos de su carrera y su aporte al cine nacional.
La huella humana detrás del maestro Chalbaud.
El director de sonido, documentalista y realizador audiovisual Josué Saavedra, quien trabajó junto al cineasta durante décadas, evocó la profunda relación profesional y humana que construyó con él.
“Yo trabajé casi 40 años con el maestro, desde muy joven en Cangrejo I. Para mí todavía está acá y me guía y me orienta con todo lo que estoy haciendo ahora”, comentó emocionado.
Saavedra definió a Chalbaud como “el maestro tanto del cine como del teatro”, resaltando su sensibilidad y cercanía con cada integrante de sus equipos de trabajo. “Tenía una humanidad muy grande y era un ser especial con una gran estrella. Aquí y en el mundo entero donde iba, marcaba un hito del camino venezolano”, afirmó.
También subrayó la importancia del cine de Chalbaud en la construcción de la identidad nacional. “El trabajo de él en lo popular, el venezolanismo, era muy especial para él reflejar y retratar lo que somos nosotros como venezolanos, porque era un amante del país y quería muchísimo este país”, expresó.
Para Saavedra, la trascendencia del cineasta reside precisamente en la permanencia de su obra: “La inmortalidad no está en vivir mucho, está en dejar un legado con el que te recuerden, y en eso Román es inmortal”.
Por su parte, la productora e investigadora audiovisual Pily Galán recordó al director como un creador profundamente disciplinado y humano. “Todas las películas de Román son excepcionales, pero La oveja negra es Román en toda su expresión; allí está todo su imaginario”, señaló.
Galán destacó, además, la rigurosidad profesional del maestro en cada rodaje. “Uno aprendía muchísimo con él, con ese respeto al tiempo, a los técnicos, a los actores y a todo el equipo de grabación”, indicó, resaltando la capacidad de Chalbaud para optimizar recursos sin perder profundidad artística.
Desde lo personal, lo describió como “un ser lleno de luz, con tanto amor para dar”, recordando también el humor y la calidez que lo caracterizaban dentro y fuera del set. Asimismo, anunció que próximamente será estrenada Muñequita Linda, la última obra cinematográfica que dejó el realizador venezolano.
El público asistente también compartió palabras cargadas de emoción. Uno de los participantes felicitó “la labor tan maravillosa” realizada durante el homenaje y la “calidez” con la que se recordó al cineasta. Otra intervención evocó la cercanía de Chalbaud con las nuevas generaciones de artistas y estudiantes, recordando sus encuentros en la sala de su amiga Margot Benacerraf.
“Él nunca va a morir, siempre va a estar con nosotros”, expresó uno de los asistentes, destacando además que el rector Ignacio Barreto recibió con profundo respeto la biblioteca fílmica del maestro, entendiendo que su historia seguirá viva y trascendiendo con el legado desde Unearte.
Más que un homenaje, la actividad se convirtió en una reafirmación del lugar que ocupa Román Chalbaud dentro de la cultura venezolana: un creador imprescindible cuya obra continúa iluminando el cine, el teatro y la memoria emocional del país.
Fotos: Isaac Casadiego
Videos: Frankmary Soriano
Texto: Daniela Barrios






